La escultura griega constituye uno de los capítulos más brillantes de la historia del arte universal. Ha llegado muy mermada hasta nosotros, debido sobre todo a los materiales –algunas fueron realizadas en materiales preciosos o caros (oro, marfil, bronce)- que se utilizó para otros fines, otras, hechas de materiales perecederos, no sobreviven.
Sin embargo, se conocen bien, a través de los pocos originales que quedan, las copias romanas y las descripciones.
La escultura griega responde a dos principios básicos: fija un tema, el hombre (medida de todas las cosas) y un ideal, el tipo de hombre perfecto, sin defectos.
Esta búsqueda de la representación ideal, perfecta, permite que pueda distinguirse una evolución de la escultura centrada en tres períodos:
1. Estilo Arcaico: período de tanteos, el artista está aun muy condicionado por el material y utiliza en la representación esquemas rígidos, convencionalismos, etc
2. Periodo Clásico: se consigue plasmar la belleza ideal física y espiritual, se considera la culminación de la escultura. Periodo con diferentes autores con estilos particulares. Se distingue un progresivo avance desde las formas ideales con Mirón, Polícleto, Fidias, hacia un realismo y mayor expresión de los sentimientos humanos con Praxísteles, Scopas, Lisipo
3. Periodo Helenistico: mezcla de la tradición clásica con una nueva concepción de la vida configuran, desaparecen los ideales clásicos y surgen nuevos temas y un tratamiento más realista y expresivo.