El documento describe la alta prevalencia de hiperglucemia en pacientes hospitalizados y sus efectos negativos en la morbilidad y mortalidad. Se recomienda mantener la glucemia entre 110-180 mg/dl mediante terapia intensiva con insulina para mejorar los resultados clínicos. Esta estrategia ha demostrado reducir complicaciones como infecciones y fallos de órganos.