La unificación italiana ocurrió en la segunda mitad del siglo XIX cuando los diferentes estados italianos, a pesar de compartir raza, religión e historia, se unieron para formar una sola nación llamada el Reino de Italia. Líderes como Cavour, Garibaldi y Víctor Manuel II jugaron roles clave en las distintas etapas que incluyeron guerras contra Austria y la anexión de estados hasta que Roma se convirtió en la capital en 1870 y la unificación italiana se completó.