La escultura gótica se caracteriza por la liberación de las figuras del marco arquitectónico, un mayor naturalismo y expresividad, y la representación de temas religiosos de forma más humana. Las figuras adoptan posturas más dinámicas y comunicantes, y los rostros muestran emociones como el dolor de forma más realista. Los retablos y sepulcros también se desarrollan como nuevas tipologías escultóricas góticas.