La civilización egipcia se desarrolló a lo largo del valle del río Nilo, que proporcionaba un suelo fértil gracias a sus crecidas anuales. Los egipcios creían en numerosos dioses y en la vida después de la muerte, por lo que construyeron imponentes tumbas como las pirámides. Tras la muerte, el alma del difunto era juzgada por Osiris para determinar si podía acceder a la vida eterna.