Las primeras investigaciones sobre inseminación artificial se realizaron en la década de 1780 en el Medio Oriente y luego en Inglaterra, donde se descubrió que el semen de un semental podía usarse para preñar a varias hembras. Desde entonces, la inseminación artificial se ha utilizado cada vez más en la ganadería como una forma efectiva de mejorar las características genéticas de los animales de manera más rápida.