El antiguo pacto entre Dios y su pueblo se basaba en los Diez Mandamientos y requería de Moisés como mediador. Aunque el pueblo prometió obediencia, no cumplió debido a su debilidad. El nuevo pacto, concertado en el Calvario, tiene las mismas bases pero con Cristo como mediador y la ley escrita en el corazón. A diferencia del antiguo, el nuevo provee la gracia para cumplir la ley a través del Espíritu Santo.