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LECCION 6
ALGUIEN, EN CIERTA OCASIÓN, LE PREGUNTÓ a un
político: “¿Ha cumplido todas las promesas que hizo
durante su campaña?” Él respondió: “Sí, bueno... por lo
menos, todas las promesas que yo pensaba cumplir”.
¿Quién no ha estado, alguna vez, en un extremo u otro de
una promesa no cumplida? ¿Quién no ha sido el que
rompió una promesa, o a quien le quebrantaron una
promesa?
Algunas veces la gente hace promesas con toda la
intención de cumplirlas, pero más tarde no lo hace. Otros
hacen una promesa sabiendo –tan pronto como salieron
las palabras de su boca o las letras de su pluma– que no
la cumplirán.
Afortunadamente para nosotros, las promesas de Dios
son de una categoría totalmente diferente. La Palabra de
Dios es segura e inmutable. “Yo hablé, y lo haré venir; lo
he pensado, y también lo haré”, dijo Dios (Isa. 46:11).
En la lección de esta semana, Pablo dirige nuestra
atención a la relación entre la promesa de Dios a
Abraham y la ley dada a Israel 430 años más tarde.
¿Cómo debía entenderse la relación entre ambas, y qué
implicaciones tiene eso para la predicación del evangelio?
Domingo :



      Y
LEY
      (Gál. 3:15-18)
Aunque la vida de Abraham se caracterizó por la fe,
Pablo sabía que sus adversarios se preguntarían: el
hecho de que Dios diera la Ley a Israel unos cuatro
siglos después de Abraham, ¿no anulaba cualquier
arreglo previo?

¿Cuál es el punto
principal de la analogía      Un pacto y un testamento son generalmente diferentes.
de Pablo acerca del           Un pacto es un acuerdo mutuo entre dos o más
testamento final de una       personas y, a menudo, se lo denomina “contrato”, o
persona y el pacto de         “tratado”. En contraste, un testamento es la declaración
Dios con Abraham?             de una sola persona. La traducción griega del Antiguo
 Gál. 3:15-18.                Testamento no traduce el pacto de Dios con Abraham
                              con la palabra griega que se usa para un acuerdo mutuo,
                              o contrato (synthéke). En cambio, usa la palabra que se
                              utiliza para un testamento (diathéke). ¿Por qué? Es
                              probable que los traductores hayan reconocido que el
                              pacto de Dios con Abraham no era un tratado entre dos
                              personas, donde se hacían promesas mutuas
                              obligatorias. El pacto de Dios estaba basado solamente
                              en su propia voluntad. No se agregaba ningún: “sí”, “y” o
                              “pero”. Abraham debía tomar a Dios por su palabra.
Pablo aprovecha este doble significado de
“testamento” y “pacto”, y destaca rasgos
específicos del pacto de Dios con Abraham. Como
sucede con un testamento humano, la promesa de
Dios afecta a un beneficiario específico: Abraham
y su descendencia (Gén. 12:1-5; Gál. 3:16);
también involucra una herencia (Gén. 13:15; 17:8;
Rom. 4:13; Gál. 3:29). Pablo destaca la naturaleza
inmutable de la promesa de Dios.
                                 Así como el testamento de una
                                 persona no puede cambiarse una vez
                                 que se pone en vigor, el dar la ley por
                                 medio de Moisés no podía anular el
                                 pacto previo de Dios con Abraham. El
                                 pacto de Dios es una promesa (Gál.
                                 3:16), y de ningún modo Dios
                                 quebranta sus promesas (Isa. 46:11;
                                 Heb. 6:18).
Reemplaza la palabra pacto por promesa en los siguientes pasajes: Gén. 9:11-17;
15:18; 17:1-21. ¿Cuál es la naturaleza del “pacto” en cada pasaje? ¿De qué modo
el entender el pacto de Dios como una promesa aclara el significado del pasaje, y
cómo nos ayuda a comprender mejor qué es un pacto? Además, ¿qué nos enseña
esto acerca del carácter de Dios y de cómo podemos confiar en él?
Lunes:
LA FE

        Y
              LA LEY
   (Romanos. 3:31)
Pablo afirmó la supremacía de la fe en la relación de una
persona con Dios. Confirmó que ni la circuncisión ni cualquier
“obra de la ley” son un requisito previo para la
salvación, porque “el hombre no es justificado por las obras de
la ley” (Gál. 2:16). Además, la señal definitoria del creyente es
la fe, y no las obras de la Ley (Gál. 3:7). Esta negación repetida
de las obras de la Ley plantea la pregunta: “Entonces la
Ley, ¿no tiene ningún valor? ¿Eliminó Dios la Ley?”

Por cuanto la salvación es por fe y no por obras de la Ley, ¿quiere decir Pablo que la
Ley es abolida por la fe? ¿Qué nos enseñan los siguientes textos? Rom. 3:31; Rom.
7:7, 12; 8:3; Mat. 5:17-20.
                            El argumento de Pablo en Romanos 3 es paralelo con su análisis de
                            la fe y la Ley en Gálatas. Por si sus comentarios condujeran a algunos
                            a creer que él está exaltando la fe a expensas de la Ley, Pablo hace la
                            pregunta retórica: “¿Luego por la fe invalidamos la ley?” La palabra
                            “invalidamos”, en Romanos 3:31, es katargéo. Pablo la usa con
                            frecuencia, y es traducida como “anular” (Rom. 3:3), “abolir” (Efe.
                            2:15), “perder su poder” (Rom. 6:6, NVI), o aun “destruir” (1 Cor.
                            6:13). Si Pablo hubiese querido apoyar la idea de que la Ley fue
                            eliminada en la cruz, como algunos dicen hoy que él enseñó, este
                            era el momento de hacerlo. Pero Pablo no solo niega esa idea con
                            un no enfático; más aún, ¡afirma que su evangelio “confirma” la Ley!
“El plan de la justificación por la fe revela cómo
respetó Dios su ley, cuando fijó y proveyó el
sacrificio expiatorio. Si la justificación por la fe
invalidase la Ley, entonces no habría habido
necesidad de la muerte expiatoria de Cristo
para liberar al pecador de sus pecados y
restablecer su paz con Dios.




                                         “Además, la fe genuina implica en sí
                                         misma una disposición sin reservas a
                                         cumplir con la voluntad de Dios
                                         mediante una vida de obediencia a su
                                         ley [...]. La fe verdadera, basada en
                                         amor pleno por el Salvador, sólo
                                         puede inducir a la obediencia” (CBA 6:
                                         506).
Si Pablo dijera que la fe anula la necesidad de guardar la Ley,
entonces, por ejemplo, cometer adulterio, robar, o aun matar, ¿ya
no serían pecado? Piensa en cuánto dolor y sufrimiento puedes
ahorrarte si obedeces la ley de Dios. ¿Qué sufrimiento has padecido
como resultado de desobedecer la ley de Dios?
Martes:

El propósito de la ley
En Gálatas 3:19 al 29, Pablo hace múltiples referencias a “la
      ley”. ¿A qué ley se refiere Pablo en esta sección de Gálatas?


Algunos, creyendo que la palabra hasta,
en el versículo 19, indica que esta ley era
solo temporaria, han pensado que el
pasaje se refiere a la ley ceremonial,
porque el propósito de esa ley se
cumplió en la cruz y, de este modo, llegó
a su fin. Aunque en sí mismo esto tiene
lógica, no parece ser la idea de Pablo en
Gálatas. Aunque ambas leyes, la
ceremonial y la moral, fueron
“añadidas” en el Sinaí por causa de la
transgresión, veremos, en la siguiente
pregunta, que Pablo parece tener en
mente la ley moral.
¿Dice Pablo que la Ley fue añadida? ¿A qué fue añadida, y por qué? Compara Gálatas
3:19 con Romanos 5:13 y 20.


 Pablo no está diciendo que la Ley fue
 añadida al pacto de Dios con
 Abraham, como si fuera un apéndice a
 un testamento, que alteró las provisiones
 originales. La Ley había existido antes del
 Sinaí (ver la sección de mañana). Pablo
 quiere decir que la Ley fue dada a Israel
 con un propósito muy diferente. Era para
 traer al pueblo de vuelta a Dios y ver la
 gracia que él ofrece a todos los que van a
 él por fe. La Ley nos revela nuestra
 condición pecaminosa y nuestra
 necesidad de la gracia de Dios. La Ley no
 tiene la intención de ser una clase de
 programa para “ganar” la salvación. Por
 el contrario, fue dada “para que el
 pecado abundase” (Rom. 5:20); es
 decir, para mostrarnos claramente el
 pecado en nuestras vidas (Rom. 7:13).
Mientras las leyes ceremoniales
señalaban al Mesías y enfatizaban la
necesidad de un Salvador, la ley
moral, con sus “No...”, es la que revela
el pecado, y nos muestra que el pecado
no es solo una parte de nuestra
condición natural, sino también es la
violación de la ley de Dios (Rom. 3:20;
5:13, 20; 7:7, 8, 13). Por esto, Pablo
dice: “Donde no hay ley, tampoco hay
transgresión” (Rom. 4:15).

                                “La Ley actúa como una lente de aumento. Ese
                                dispositivo no aumenta realmente el número de
                                manchas que contaminan una vestimenta, sino que las
                                hace destacar más claramente y revela muchas más de
                                las que uno puede ver con el ojo desnudo”.–William
                                Hendriksen, The New Testament Commentary,
                                Exposition on Galatians, p. 141.
Miércoles:

La duración
 de la ley
Pablo dice que la Ley fue añadida en el Sinaí.
¿Significa esto que la Ley no existía antes? Si
no es así, ¿cuál era la diferencia antes y
después del Sinaí? Lee Gén. 9:5, 6; 18:19;
26:5; 39:7-10; Éxo. 16:22-26.


                    Dios no necesitó revelar su ley a
                    Abraham con rayos y truenos
                    (Éxo. 19:10-23). ¿Por qué,
                    entonces, dio Dios la Ley a los
                    israelitas de esa manera? Era
                    porque, siendo esclavos, ellos
                    olvidaron la grandeza de Dios y
                    sus normas morales. Tenían que
                    darse cuenta de su propia
                    pecaminosidad y cuán sagrada
                    es la ley de Dios. La revelación
                    en el Sinaí logró eso.
¿Qué quiere decir Pablo al afirmar que la Ley fue añadida “hasta que
viniese la simiente a quien fue hecha la promesa”? Gál. 3:16-19.

                                      Muchos creen que este texto significa que la ley
                                      del Sinaí era temporaria, que fue dada 430 años
                                      después de Abraham y terminó cuando vino
                                      Cristo. Esta interpretación choca con lo que dice
                                      Pablo de la Ley en Romanos, y con otros pasajes
                                      de la Biblia, tales como Mateo 5:17 al 19.



El error está en suponer que la palabra hasta siempre
implica una duración limitada. Este no es el caso. Al
describir la persona que teme a Dios, Salmo 112:8 dice:
“Asegurado está su corazón; no temerá, hasta que vea
en sus enemigos su deseo”. ¿Significa esto que cuando
él triunfe tendrá temor? En Apocalipsis 2:25, Jesús dice:
“Pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga”.
¿Quiere Jesús decir que una vez que él venga ya no
necesitarán ser fieles?
La Ley seguirá señalando el pecado mientras
ella exista. Pablo dice que la venida de Cristo no
canceló la Ley, sino que marcó un punto
decisivo en la historia humana. Cristo hace lo
que la Ley nunca podría hacer: provee el
remedio para el pecado, justifica a los
pecadores y, por su Espíritu, hace que se
cumpla su Ley en ellos (Rom. 8:3, 4).
                     ¿Has pensado alguna vez: Si tan
                     solo el Señor hiciera esto por mí,
                     yo nunca más dudaría? Pero,
                     piensa en lo que pasó en el Sinaí:
                     los israelitas vieron las
                     manifestaciones del poder de
                     Dios; sin embargo, ¿qué hicieron?
                     ¿Qué te indica esto acerca de la
                     verdadera fe, y de cómo la
                     obtenemos y la mantenemos?
                     (Ver Col. 2:6).
Jueves:




La superioridad de
    la promesa
Moisés es aquel que “estuvo en la congregación en el
desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y
con nuestros padres, y que recibió palabras de vida que
darnos” (Hech. 7:38).




                              En Gálatas 3:19 y 20, Pablo sigue diciendo que la Ley no anula el
                              pacto de gracia; esto es importante porque si la teología de sus
                              adversarios fuera correcta, la Ley haría precisamente eso.
                              Entonces, piensa cuál sería nuestra situación como pecadores si
                              tuviéramos que depender de nuestra observancia de la Ley, en
                              vez de hacerlo de la gracia de Dios para salvarnos. Al
                              fin, estaríamos sin esperanza.


 Aunque los detalles que da Pablo en Gálatas 3:19 y 20 son
 difíciles, su punto básico es claro: la Ley es suplementaria de la
 promesa, porque fue dada por medio de los ángeles y de
 Moisés. Los ángeles no se mencionan en el Éxodo cuando se
 da la Ley, pero su mención se encuentra en varios otros lugares
 de las Escrituras (Deut. 33:2; Hech. 7:38, 53; Heb. 2:2).
Pablo usa la palabra
    mediador en 1 Timoteo
    2:5 con referencia a Cristo,
    pero sus comentarios aquí
    sugieren que él piensa en
    Deuteronomio 5:5, donde
    Moisés dice: “Yo estaba
    entonces entre Jehová y
    vosotros para declararos la
    palabra de Jehová”.



Por majestuosa que haya sido la presentación de la Ley en el
Sinaí, con muchos ángeles presentes, y por importante que fuera
Moisés, la Ley fue dada en forma indirecta. En contraste, la promesa
de Dios fue hecha directamente a Abraham (y, por lo tanto, a todos
los creyentes), sin un mediador. Al fin, por importante que sea la
Ley, no sustituye a la promesa de salvación por gracia por medio de
la fe. Por el contrario, la Ley nos ayuda a comprender mejor cuán
maravillosa es esa promesa.
Describe la naturaleza de los encuentros directos de Abraham con Dios. ¿Qué beneficio
había en esa cercanía con Dios? Considera
  Génesis 15:1 al 6;                Génesis 18:1 al 33;                 Génesis 22:1 al 18.




Piensa en otros encuentros de personas con Dios: Adán y Eva en el Edén (Gén. 3); la escalera
de Jacob (Gén. 28); Pablo en camino a Damasco (Hech. 9). Tal vez no experimentaste nada tan
dramático, pero ¿de qué maneras se te ha revelado Dios? Pregúntate si hay algo en tu vida
personal que pudiera impedir que tengas esa clase de cercanía, como la que tenía Abraham. Si
es así, ¿qué pasos puedes dar para cambiar?

      (Gén. 3)                          (Gén. 28)                           (Hech. 9)
Viernes




Para Estudiar y Meditar:
“Durante su servidumbre, el pueblo había perdido en
alto grado el conocimiento de Dios y de los principios
del pacto de Abraham. Al libertarlos de Egipto, Dios
trató de revelarles su poder y su misericordia para
inducirlos a amarlo y a confiar en él. Los llevó al Mar
Rojo, donde, perseguidos por los egipcios, parecía
imposible que escaparan, para que pudieran ver su
total desamparo y su necesidad de ayuda divina; y
entonces los libró. Así se llenaron de amor y gratitud
hacia él, y confiaron en su poder para ayudarlos. Los
ligó a sí mismo como su libertador de la esclavitud
temporal.
“Pero había una verdad aún mayor que debía grabarse
en sus mentes. Como habían vivido en un ambiente de
idolatría y corrupción, no tenían un concepto
verdadero de la santidad de Dios, de la extrema
pecaminosidad de su propio corazón, de su total
incapacidad para observar la ley de Dios y de la
necesidad de un Salvador. Todo esto se les debía
enseñar” (PP 388).

“La ley de Dios, pronunciada con grandiosidad aterradora desde el Sinaí, es el dictamen de
condenación para el pecador. Le corresponde a la Ley condenar, pero no hay en ella poder para
perdonar o redimir” (Comentarios de Elena G. de White, CBA 6: 1.094).
Preguntas para Dialogar:
1- Piensa en toda esta idea de las promesas, especialmente
las que fueron rotas. ¿Cómo te sentiste acerca de quienes
rompieron las promesas que te hicieron? ¿Cuánta diferencia
produjo si una persona tenía la intención de mantener sus
promesas y luego no pudo hacerlo o decidió otra cosa, o si te
diste cuenta de que la persona nunca quiso cumplirlas? ¿Qué
sucedió con tu nivel de confianza después de que la promesa
se rompió, por cualquier razón? ¿Qué significa, para ti, saber
que puedes confiar en las promesas de Dios? O, tal vez, la
pregunta debería ser: ¿Cómo puedes aprender a confiar en
las promesas de Dios, en primer lugar?


                                             2- ¿De qué maneras estamos en peligro
                                             de ser corrompidos por nuestro ambiente
                                             hasta el punto de perder de vista las
                                             verdades importantes que Dios nos ha
                                             dado? ¿Cómo podemos hacer que nos
                                             demos cuenta de cuáles son esas
                                             influencias corruptoras? ¿Cómo podemos
                                             neutralizarlas?
Resumen: El dar la Ley en el Sinaí no invalidó la promesa que
Dios le hizo a Abraham, ni la Ley alteró las provisiones de la
promesa. La Ley fue dada para que el pueblo pudiera darse
cuenta de la verdadera extensión de su pecaminosidad, y
reconociera su necesidad de la promesa que Dios hizo a
Abraham y a sus descendientes.
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